Una Civilización del Amor es Posible con Dios
El reto para los cristianos de hoy es la misión que Nuestra Señora de Guadalupe dio a Juan Diego en 1531: ser los mensajeros de una evangelización “perfectamente inculturada†que incluya a toda la gente y reconcilie las diferencias, dijo el Caballero Supremo en su discurso de clausura en el Congreso Mariano.
La imagen que la Virgen de Guadalupe dejó en la tilma de Juan Diego fue el catalizador para que millones de indÃgenas de la Nueva España se convirtieran a la fe católica. Antes de la aparición de la Virgen, habÃa una resistencia en contra de la fe, que veÃan como la religión de los conquistadores europeos, dijo el Sr. Anderson. Pero después de que ella se le apareció a un humilde indÃgena del pueblo, y dejó su imagen en su tilma para que todos la vieran, los aztecas llegaron por miles para ser bautizados.
La razón, dijo Anderson, era que la imagen era un códice que los indÃgenas podÃan descifrar como algo relacionado con su propia cultura y sus costumbres. Reconocieron en su rostro, y en el simbolismo de su ropa, el cumplimiento de sus propias profecÃas y los deseos de sus corazones, dijo.
La religión azteca no estaba del todo equivocada, sugirió el Sr. Anderson. Dios quiere nuestro corazón, pero no quiere la práctica de los sacrificios humanos para tomar el corazón. En MarÃa de Guadalupe, el pueblo de México encontró una nueva forma mejor de adorar a Dios, pues vieron en ella a la Virgen embarazada del Único Dios Verdadero, que se acercaba a sus hijos.
Comentando sobre el tÃtulo de su charla, “Una Civilización del Amorâ€, el Caballero Supremo preguntó si quizás este concepto era demasiado idealista, considerando los numerosos conflictos del mundo.
Dijo que con el hombre es imposible de lograr, pero que Dios lo puede todo.
 “¿Quién habrÃa pensado que una imagen en una tilma de Juan Diego cambiarÃa la historia de forma tan espectacular?â€, dijo. Por su obediencia a Nuestra Señora de Guadalupe y su humildad, Juan Diego pudo dar a Dios el permiso de obrar un milagro de conversión.
 “Nosotros también debemos dar a Dios el permisoâ€, dijo el Sr. Anderson, “y al hacerlo, podemos lograr grandes cosas.â€






