Blog del Reportero: Lo que he visto y oído
Por Brian Caulfield
(Especialista en Comunicaciones de Caballeros de Colón y editor de Padres para Siempre)
Hace unos días, cuando la gente me preguntaba lo que era el Congreso Mariano, y yo no sabía mucho al respecto, les decía “Vengan a ver”.
Ahora me doy cuenta de que debí decirles también, vengan a escuchar, a aprender, a experimentar y mantengan el corazón y la mente abiertos al evento religioso más significativo del hemisferio occidental. Vengan y conozcan la verdad del Dios por medio del testimonio de su Madre, por medio de la imagen que dejó en la tilma de un humilde indígena y que puede verse todavía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.
Vengan y sean testigos de un milagro, ¡Vengan y háganse Guadalupanos!
Como lo dijo un presentador del Congreso, la imagen de la tilma es única en el mundo entero. Todas las demás veces que se ha aparecido María, ha dado un mensaje y realizado milagros (las curaciones de Lourdes, el milagro del sol en Fátima). Pero en Guadalupe, dejó una imagen de sí, Dios mismo ha impreso la imagen de la Virgen para que todos la veamos.
Piensen en eso.
Como lo señaló otro presentador, el rostro de la Virgen de Guadalupe no se parece a ningún otro. La llaman “mestiza”, lo que significa una mezcla de todas las razas, de toda la humanidad. Todos los rostros se encuentran en la mirada serena y amorosa de “la madre de la humanidad”.
He sido reportero, escritor y editor durante 30 años – la mayor parte de ellos en Nueva York – y he visto muchos acontecimientos, he escuchado muchas historias y vivido un gran número de tragedias, incluyendo el horror del 11 de septiembre. Pero nunca en la vida había yo experimentado en mi corazón y mente el mensaje de estos últimos tres días en el Congreso Mariano. La historia de de Nuestra Señora de Guadalupe tiene un valor noticioso inmenso, fundamental. Me sorprende que no todo el mundo conozca la imagen y el mensaje.
¿Por qué solo van 15 millones de peregrinos a Guadalupe cada año? ¿Por qué yo no he ido?
Un mensaje para nuestra época
Después de tres días, muchas ponencias, exhibiciones de arte, fotografías y estudios de la imagen, el mensaje que me llevo del Congreso Mariano es AMOR.
Amor no como lo que solemos considerar amor, quizás, o como lo representa nuestra cultura popular. El amor de Guadalupe es el amor de una madre por su hijo, el amor de Dios por su propia creación, de la humanidad en su propia imagen, el amor que sentimos cuando vemos a una mujer embarazada – o con un bebé en brazos --, el amor que nace cuando descubrimos la verdad de otra persona, que nos ama de manera pura e inocente.
Un amor que está pleno de emoción, pero que eleva la emoción a la contemplación de algo más que uno mismo, un amor que nos guía hacia arriba y hacia afuera. No cabe duda, el amor que expresa Guadalupe va mucho más allá de su tiempo y lugar, llega mucho más lejos que 1531, la Ciudad de México o el cerro del Tepeyac.
La Imagen es el Mensaje
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es más que un objeto religioso. Es un hecho histórico. No es solo un objeto de fe, es un objeto de ciencia que ha sido analizado rigurosamente y que todavía despierta el asombro de los científicos de varios campos. ¿Por qué las fibras de la tilma no se han destejido después de casi cinco siglos, cuando este tipo de material no suele durar más de unas décadas? ¿Cómo fue producida la imagen, si no se ven pinceladas? ¿Por qué no se han desteñido los colores? ¿Qué son las figuras de sus ojos?
Cualquiera que por duda, ira o tentación de la fe, dijera a Dios “muéstrame”, no tiene más que ver la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Todo aquel que ha visto, y comprendido, debe transmitir la palabra, el mensaje. El mensaje de Guadalupe es para nuestra época. Es un mensaje de amor en un mundo que se encuentra confundido, pero a la vez obsesionado con el amor; es un mensaje de amor en un mundo que no sabe qué desear; un mensaje de caridad generosa en un mundo que a menudo solo da para recibir.
Mons. Eduardo Chávez ha dicho varias veces que los Caballeros de Colón son los Juan Diego modernos, que llevan el mensaje de Guadalupe al mundo. Me llena de orgullo trabajar para la Orden que tiene esa misión, y rezo para que el mensaje sea recibido, y para que muchos otros, con el espíritu de Juan Diego, se decidan a hablar al mundo sobre el amor maravilloso que Dios ha revelado en Nuestra Señora de Guadalupe.






