Mensaje de Su Eminencia Cardenal Norberto Rivera Carrera
Mensaje de Su Eminencia Cardenal Norberto Rivera Carrera
en el Congreso Mariano en Phoenix, Arizona.
Agosto 2009
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| El Cardenal Norberto Rivera Carrera Arzobispo de la Ciudad de México |
Queridos hermanos y hermanas amados por Jesucristo, nuestro Señor; es un gran placer para mà tener la oportunidad de hablarles acerca de Nuestra Señora de Guadalupe, quien entregó su mensaje y su imagen a la persona que en 1531, era la cabeza de la Iglesia en México, Fray Juan de Zumárraga, mi ilustre, humilde y digno predecesor. Hoy, en calidad de su hermano y humilde siervo, puedo decirles que es verdad que Dios existe y que nos ama tan profundamente que deseó permanecer entre nosotros a través de Nuestra Señora de Guadalupe. Ella quiso entregarnos todo su amor, a su propio Hijo, en la casa sagrada del Tepeyac, iniciando asà la Civilización de Amor y un lugar en cuya construcción, todos tenemos la capacidad de participar. Este lugar es la Iglesia viviente llena de júbilo debido a la misión que cada uno de nosotros debe desarrollar en su interior y, a partir de esta casa sagrada, construir un mundo mejor, construir el templo del EspÃritu Santo, construir una comunidad donde haya amor y una buena obra brinde júbilo genuino.
- SÃ, de ahà provengo, de México, donde crecen milagrosamente maravillosas y extraordinarias flores...
- De ahà provengo, donde se han escuchado los cantos más precisos...
- De ahà provengo, donde una bella voz llamó a un humilde indÃgena, Juan Diego...
- De ahà provengo, de donde Nuestra Señora de Guadalupe se apareció para entregar a la Iglesia su sagrado mensaje y su bella imagen...
- De ahà provengo, donde Dios se encontró con los seres humanos a través de su Madre...
SÃ, de ahà provengo, en un peregrinaje ante Ustedes para poder encontrarme con su corazón que busca un sendero seguro que lo conduzca a la felicidad de Su gloria y, para decirles que Dios quiso encontrarse con cada uno de Ustedes a través de Nuestra Señora de Guadalupe. Les traigo también a uno de los modelos más importantes de santidad, el modelo de un hombre laico, sencillo, humilde que estaba lleno de fe, que poseÃa una profunda esperanza y cuya caracterÃstica que lo identifica era el amor constante: Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el primer laico indÃgena canonizado de nuestro Continente Americano, un hombre fiel a Dios y a su Iglesia Católica, un hombre que amó profundamente a su pueblo con el corazón de MarÃa.
El amado e inolvidable siervo de Dios, Juan Pablo II, siempre declaró la gran importancia del Acontecimiento Guadalupano como un hecho histórico que trajo inmensos frutos de salvación.
Juan Pablo II proclamó a Nuestra Señora de Guadalupe como la Mujer que iluminó el camino de la evangelización. En esa ocasión, el Santo Padre dijo: “Nuestra Señora de Guadalupe [...] es para mà un motivo de alegrÃa y una fuente de esperanza. «Estrella de la Evangelización», sea Ella vuestra guÃaâ€. De este modo, el Santo Padre valoró la extraordinaria obra del humilde indÃgena laico, San Juan Diego, quien cumplió una importante misión en el marco de este gran Acontecimiento; Juan Pablo II dijo: “Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinado en la vida cristiana del pueblo de Méxicoâ€.
Sin embargo, los pensamientos y la inspiración del Papa serÃan aún más profundos después de percibir en Nuestra Señora de Guadalupe la fuerza y la magnitud de un mensaje que no era solo para México o Latinoamérica, sino para todo el Continente Americano: “Y América, – declaró el Papa – que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido «en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac (…) un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada». Por eso, no sólo en el centro y en el sur, sino también en el norte del continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda Américaâ€. Sin duda, Nuestra Señora de Guadalupe nos brinda un mensaje que trasciende toda frontera y toca el corazón de todo ser humano de toda cultura, raza o condición; otra prueba es el hecho de que desde 1935, Ella es también la Patrona de Filipinas.
El Papa confirmó la magnitud y la ternura del mensaje de Dios por medio de la Estrella de la Evangelización para el mundo entero, un modelo de perfecta evangelización disponible para todos los paÃses y con un efecto indudable y contundente: “La aparición de MarÃa al indio Juan Diego†– reafirmó el Santo Padre – “en la colina del Tepeyac, el año 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente. (...) MarÃa SantÃsima de Guadalupe es invocada como «Patrona de toda América y Estrella de la primera y de la nueva evangelización»â€.
Nuestro amado Santo Padre Benedicto XVI ha afirmado la importancia del mensaje guadalupano y ha pedido directamente a Nuestra Señora de Guadalupe que interceda desde su Santuario “por el pueblo del Continente de la esperanza†y, también le ha implorado bendecir a las familias de su santa tierra para que se convierta en el continente de amor.
De este modo, Nuestra Señora de Guadalupe es la primera DiscÃpula y Misionera del amor de Dios, el Arca de la Alianza viviente, el Trono de la SabidurÃa, el Espejo de la Justicia, la Causa de nuestra AlegrÃa, Portadora del único Dios verdadero, para el que vivimos, Inmaculado Sagrario de Jesucristo, Estrella de la Evangelización, Mujer de raza mestiza y de armonÃa y paz, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Patrona de todo el Continente Americano y de Filipinas, Mujer que moldeó la Cultura de la Vida y la Civilización de Amor, nuestra dulce Señora del Tepeyac, nuestra Madre que nos mantiene en el cruce de sus brazos, que nos coloca en el hueco de su manto, quien nos protege, quien nos cuida, quien enjuga nuestras lágrimas, quien remedia nuestros problemas, quien nos da fuerza para dar un testimonio viviente de amor.
Al analizar cada uno de los pasos de este maravilloso acontecimiento, podemos descubrir que el Acontecimiento Guadalupano es actual y trascendente, un mensaje y una imagen para todos los tiempos y para todas las culturas. Nos llama a vivir plenamente a través de Jesucristo. SabÃa como difundir el Evangelio de tal forma que hemos experimentado uno de los sucesos más prodigiosos en la historia del hombre: millones de personas se convirtieron. Las fuentes históricas afirman que ocurrieron cerca de nueve millones de conversiones en solo nueve años. Como dice el gran pensador contemporáneo chileno, Padre JoaquÃn Alliende Luco: “La inculturación ha sido siempre un proceso turbulento, incluso con momentos de violencia y lucha. Nuestra Señora de Guadalupe ha sido un modelo de inculturación distinguida y fecunda. La misión evangelizadora de los Españoles parecÃa condenada al fracaso. Después de las apariciones en el Tepeyac, la situación de los misioneros cambió radicalmente. Interminables procesiones de indÃgenas pedÃan el Bautismo (...) en pocos años, millones de indÃgenas pidieron el Bautismo Cristiano a los misioneros españoles. Guadalupe aparece como uno de los sucesos más exitosos en la historia de la iglesiaâ€.
En su nombre, asà como en su piel oscura, su piel mestiza, Nuestra Señora de Guadalupe nos expresa con infinito amor que Ella es la madre de todo el pueblo, que en Ella se unen todas las naciones, que Ella se convierte en nuestra identidad, nuestra armonÃa y nuestra paz; al igual que los indÃgenas y los españoles – ambos eran parte de una colección de culturas y razas – asà también las culturas judÃa y árabe, y también todo ser humano, formamos una sola aldea, una civilización que proviene del amor de Dios, mediante su Madre, que es también nuestra Madre.
Esto nos confirma, con una inmensa alegrÃa, que todos, absolutamente todos, somos llamados a la paz, la unidad, la armonÃa, al perdón, al pleno amor de Jesucristo Nuestro Señor en Nuestra Señora de Guadalupe. Todos, absolutamente todos los que conformamos los cinco continentes, podemos hacer nuestras las palabras de Santa MarÃa de Guadalupe: “Porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mà clamen, los que me busquen, los que confÃen en mÃ, porque allà les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus doloresâ€.
Y es verdad, Ella viene a entregarnos a Jesucristo, nuestro Salvador, nuestro Rey y Señor, pero Él quiso que participáramos en nuestra libertad y nuestra responsabilidad, Él quiere que hagamos lo que nos corresponde, arrancar de nuestro corazón ese egoÃsmo y rencor, esa envidia y deshonestidad. Quiere alejarnos de la corrupción y la injusticia, del secuestro y del tráfico de drogas, del alcoholismo y de la drogadicción, de los asesinatos y la traición, de la prostitución y del hedonismo y, que abandonemos a los Ãdolos del poder y el dinero, que cambiemos nuestra vida, que nos alejemos de todo lo que nos aniquila y nos destruye, que nunca más maltratemos a las mujeres y abandonemos a nuestros hijos, que luchemos por un mundo donde no exista ni el racismo ni la discriminación, donde podamos amar a los demás como verdaderos hermanos, donde respetemos la vida desde el momento de la concepción hasta el momento en que Dios, nuestro Padre, nos llame ante Él.
Este es el momento para todos los que estamos bautizados y formamos parte de esta Iglesia Católica, los bautizados que luchamos diariamente por dar un testimonio real de Cristo Resurrecto, aquellos que estamos comprometidos con la Iglesia Católica que Jesucristo instituyó como Sacramento de la salvación. Este es el momento de todos los que conformamos esta amada Iglesia Católica, esta pequeña casa sagrada, los que hoy estamos aquà presentes, en este lugar que representa una extensión del Tepeyac, proclamemos nuestro amor al Señor del cielo y de la tierra. Él tomó la iniciativa de conocernos porque nos ama, y nos ama tanto que desde la cruz, cuando entregaba todo por amor a sus amigos, por su amor a nosotros, ahÃ, desde su cruz y por medio de su querido discÃpulo, nos entregó la más querida herencia, “Mujer, aquà tienes a tu hijo. Hijo, aquà tienes a tu madre†(Juan 19, 26-27). Es el momento de que todos aquellos que conformamos la Iglesia Católica trabajemos y nos unamos, el momento de proclamar el inmenso amor de Dios para el mundo entero en el interior de su Iglesia. Tal como todos los obispos de este prometedor Continente Americano, desde Aparecida, Brasil, decimos al unÃsono: “Todos aquellos que estamos bautizados estamos llamados a “empezar nuevamente desde Cristo, a reconocer y seguir su Presencia con la misma realidad y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza que conocieron los primeros discÃpulos hace 2,000 años, y con el Nuevo Mundo de ‘Juan Diego’. Solo debido a esta reunión y su seguimiento, que se convierten en amistad y comunión, debido al desbordamiento de gratitud y alegrÃa, somos rescatados de nuestro egoÃsmo y salimos a comunicar a todos la vida real, la alegrÃa y la esperanza que nos ha sido dada para experimentar y vivir la buena vida de graciaâ€.
Por lo tanto, las palabras que Nuestra Señora de Guadalupe dirige a San Juan Diego, son palabras que, además de ser elocuentes y contemporáneas, penetran hasta lo más profundo de nuestro corazón, palabras que nos comprometen con la felicidad y a la alegrÃa de ser los humildes mensajeros de este Dios que nos ama tanto que nos entregó a su Madre como nuestra Madre, y donde cada uno de nosotros tiene el compromiso de ofrecer el mismo amor a los demás; es semejante a una resurrección cotidiana en la que comprendemos nuestra obra y compromiso en nuestra amada Iglesia Católica, pequeña casa sagrada, hogar del inmenso Amor de Dios. Debido a lo anterior, la voz de la humilde virgen de Nazaret resuena ahora con todo su significado, la virgen que en el Tepeyac dijo al laico San Juan Diego: “No temas: "¿No estoy aquÃ, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegrÃa? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?" Estas palabras nos motivan a seguir adelante, renuevan nuestra fe y fortalecen nuestra esperanza de descubrir que es posible vivir inmersos en el amor.
Nuestra Señora de Guadalupe dirige todo nuestro ser hacia el total amor de Dios y nos entrega la fortaleza necesaria para cumplir nuestras responsabilidades cuando, por medio de San Juan Diego, nos dice: “Ya has oÃdo, hijo mÃo el menor, mi aliento, mi palabra, anda: haz lo que esté de tu parteâ€.
Phoenix Arizona, EE.UU., 6 de agosto de 2009
+ Cardenal Norberto Rivera Carrera
Arzobispo Primado de la Ciudad de México






