Opening Remarks

Inauguración del Congreso Mariano Internacional
JW Marriott Hotel, Phoenix, Arizona
Carl A. Anderson, Caballero Supremo
6 de agosto de 2009


Sus Excelencias, Rev. Mons. Chávez, hermanos Caballeros, señoras y señores, compañeros Guadalupanos, es para mí un verdadero honor abrir este primer Congreso Mariano sobre Nuestra Señora de Guadalupe, una reunión internacional para analizar la historia, el significado y la continua pertinencia de su mensaje.Caballero Supremo, Carl A. Anderson

Es impresionante la forma en que comenzó el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe. En 1531, fue transportado, a pie, por un sendero del cerro del Tepeyac. Fue un mensaje llevado por un hombre a otro, por un laico a su obispo. Su imagen fue revelada, no en una catedral ni en una reunión de estado, sino en casa de Zumárraga, reunido con sus compañeros y sirvientes

En ese momento, ni Juan Diego ni el Obispo Zumárraga podían imaginar que su mensaje sería transportado a pie hasta los últimos confines del hemisferio, y que su imagen entraría a millones de hogares.

Quien – sino Nuestra Señora de Guadalupe misma y su hijo – podía prever que hoy, casi 500 años después, los fieles de todo el mundo se concentrarían aquí, a cientos de millas más al norte, para dar inicio a este triduo Guadalupano dedicado a celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe como madre de cada uno de nosotros y de un hemisferio entero.

Porque cuando celebramos este acontecimiento de 1531, no lo recordamos vagamente, como una remembranza que borra el tiempo, sino como un mensaje vivo. Y cuando hablamos y escuchamos sobre ella hoy, comprendemos que no es una historia embellecida y adornada por la ficción, sino que su aparición constituyó un momento trascendental en la historia de la fe de todo un hemisferio. Es también un acontecimiento que sirve como constante fuente de inspiración y unidad para todos los que viven hoy en el Continente Americano

Quizás quien mejor lo expresó fue Juan Pablo II, cuando escribió en 1999:

“La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización.(20) Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente. Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido « en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada ».(21) Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América.â€

La verdad de esta afirmación se hace obvia aquí en Phoenix. Pero hace un año, Caballeros de Colón organizó su convención mucho más al norte, en Québec.  Cuando nos encontrábamos allí, con la junta de directores, visité el santuario cercano de Sainte Anne de Beaupré. Allí, en un lugar destacado de la Basílica, se encontraba la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe

Cuando la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, la Nueva España se extendía desde Seattle hasta muy al sur. Hoy, su territorio ha crecido

Pocas personas tienen el poder unificador de reunir a un grupo de naciones muy diversas bajo un mismo manto: pero esto es lo que ha hecho Nuestra Señora de Guadalupe. Ella llevó hasta su hijo Jesucristo a Juan Diego y sus contemporáneos, quienes se convirtieron en grandes números en los años posteriores a su aparición. Ha hecho lo mismo desde entonces.

En el siglo XVII, los misioneros jesuitas en Arizona llevaban con ellos su imagen cuando guiaron a los indios americanos a Cristo. Los misioneros franciscanos en California hicieron lo mismo un siglo más tarde. Con estos misioneros, milla tras milla, Nuestra Señora de Guadalupe ha navegado por nuestros mares y caminado por nuestro hemisferio, uniéndonos una vez más por medio de Cristo.

Por Nuestra Señora de Guadalupe, nuestro vínculo de fe es fuerte, no solo por su extensión geográfica, sino por la profundidad de su creencia. Durante la persecución de la Iglesia Católica en la década de 1920 en México, muchos hicieron lo que los mártires de Caballeros de Colón a quienes honramos en la Misa de esta mañana. Antes de su ejecución, solían decir “¡Viva la Virgen de Guadalupe!†Estas declaración de su devoción a la madre de Cristo constituyó a menudo las últimas palabras que pronunciaron estos mártires antes de encontrarse con Cristo su Rey en el cielo

 

Y fue entonces cuando los católicos de este lado de la frontera expresaron la unidad de Nuestra Señora de Guadalupe en nuestra búsqueda de libertad religiosa. Encabezados por Caballeros de Colón, clamaron por justicia y cabildearon para que el gobierno de EE.UU. los ayudara a poner fin a esa persecución, en solidaridad con sus hermanos del sur.

Una vez que la situación se hubo estabilizado hasta cierto punto, en otra demostración de solidaridad y unidad hemisférica, en 1941, cuando Estados Unidos estaba a punto de verse arrastrado a una guerra mundial, fue en el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe donde los obispos de muchos países, incluyendo Estados Unidos, se reunieron a orar por paz y protección

El Arzobispo John Cantwell de Los Ãngeles encabezó la delegación de obispos norteamericanos, y en su presencia y mensaje se encontraban firmes declaraciones sobre la preocupación de los católicos de Estados Unidos por la Iglesia en México en esos años posteriores a la persecución

De hecho, fue ese viaje el que motivó al Arzobispo de México a entregar a Cantwell el fragmento de la tilma de San Juan Diego que ahora tenemos con nosotros, prestado por la Catedral de Our Lady of the Angels en Los Ãngeles.

En 2003, fue este fragmento de tilma – en una gira copatrocinada por Caballeros de Colón – el que reunió a miles de personas de todos los orígenes en más de 20 ciudades de EE.UU. En cada etapa del viaje, fue aparente esta unidad en nuestra madre que trasciende las culturas y las fronteras. Y los que acudieron, lo hicieron porque querían poner en práctica ese llamado al amor encarnado en su madre mestiza.

Durante cientos de años, ella ha reunido a muchos de otras maneras también. Solo pensemos por un momento en todos aquellos que acuden al pie de su imagen y reciben a su hijo en la Eucaristía, y comprenderemos que el objetivo último de su mensaje es la unidad en su hijo

 

Y hoy, estamos unidos aquí con el mismo espíritu de unidad.

Al recorrer este salón con la mirada, vemos a peregrinos de todo el hemisferio y del mundo entero, lo cual nos recuerda a todos que el amor de Nuestra Señora de Guadalupe y la fe de Juan Diego fueron los catalizadores de la conversión de millones de hombres y mujeres en la década de 1530, y siguen siendo un elemento fortalecedor de la fe en el Continente Americano actual

 

Si bien su mensaje es de unidad, es también universal. Es para los más poderosos y los más humildes. Era para los españoles y para los indígenas. Su mensaje era para los ancianos, como el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, y, al aparecer como una mujer embarazada, su mensaje era también para los que aún no habían nacido. En pocas palabras, su mensaje era para todos

 

El llamado de Nuestra Señora sigue siendo universal hoy en día: es un mensaje para el inmigrante de habla hispana, para el norteamericano que habla inglés y para el canadiense cuya lengua es el francés. Sigue siendo el llamado a respetar toda vida: nacida o nonata

 

 
Si escuchamos el amoroso mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe, encontraremos un mensaje que trasciende las fronteras, las razas y las diferencias culturales, y nos une a todos como hijos de la madre de la civilización del amor. Nos llama a seguir sus pasos y los de Juan Diego, diciendo Sí a Cristo, colaborando con nuestros obispos y sacerdotes, y guiando a otros con el ejemplo a la alegría que es una vida en comunión con Jesucristo.

Hacemos bien en otorgar nuestra confianza a la Virgen de Guadalupe, pues si pudo sanar la división entre los aztecas y los españoles en 1531, no cabe duda de que puede sanar hoy las desavenencias de nuestro continente, ya que lo que nos une como ciudadanos de este hemisferio cristiano es nuestra fe, y ésta es mucho mayor que todo lo que nos divide.

Creo que es adecuado que este congreso se celebre en el suroeste de Estados Unidos, donde convergen varias culturas:
Y en este congreso, durante los próximos dos días y medio, varios expertos nos enseñarán muchas cosas:
• el contexto histórico y cultural de Nuestra Señora de Guadalupe,
• los descubrimientos científicos que siguen arrojando luz sobre su mensaje después de cinco siglos,
• el mensaje de amor codificado en la propia imagen, y
• La fuerza unificadora de Nuestra Señora de Guadalupe en nuestro hemisferio.

Pero no estamos aquí solo para aprender y no debemos verlo como un ejercicio académico

Estamos aquí porque amamos a Nuestra Señora de Guadalupe, y al saber más sobre ella, podemos profundizar ese amor y responder mejor a su llamado a ser testimonio en nuestra propia vida del amor y unidad que ella nos trae, y a los cuales nos llama.

Escuchemos cada ponencia, a cada orador, miremos el arte que ha inspirado, y en cada caso, crezcamos en la fe

A nosotros nos toca retomar su mensaje para asegurarnos de que el futuro de este continente sea de esperanza, y que nuestra civilización sea de amor. Si en verdad tomamos en serio el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe, entonces, juntos, podemos construir una civilización del amor unificada, alma por alma, parroquia por parroquia, diócesis por diócesis y país por país