Fe y Ciencia
Presentación para el Congreso Mariano
por Dra. Mary Soha, Phoenix AZ
Agosto 2009
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Dra. Mary Soha |
HabÃa yo estado rezando para poder conocer a este hombre tan lleno de bondad desde 1997 – y ahora, 12 años más tarde según mi tiempo, pero definitivamente en el momento adecuado según los años de Dios – he llegado a conocer al Padre Chávez. ¡Qué bendición es para nosotros tener a este mensajero de Nuestra Señora para ayudarnos a comprender su mensaje! Quisiera agradecer al Padre Chávez su invitación para estar con todos ustedes aquà hoy.
Fe y Ciencia: en la cultura actual, estos dos conceptos parecen estar reñidos, y en ciertos casos ser totalmente opuestos. Un artÃculo reciente del Wall Street Journal escrito por Lawrence Krauss, llevaba por tÃtulo “Dios y la Ciencia no se llevanâ€. Toda la premisa de este artÃculo era que para ser un buen cientÃfico no se puede actuar como si se creyera en Dios, porque creer en Dios introducirÃa un sesgo en los resultados cientÃficos.
El autor afirma: “AsÃ, mientras que la racionalidad cientÃfica no exige el ateÃsmo, tampoco es irracional usarla como una base de argumentación en contra de la existencia de Dios, y asà concluir que los llamados ‘milagros’, como el parto virginal, son incompatibles con nuestra forma de comprender la naturaleza.†Yo creo que este pobre está totalmente perdido.
En primer lugar, le pone lÃmites a la naturaleza; en segundo, afirma que si no tenemos una explicación cientÃfica de algo, es que no puede ser cierto; y finalmente, implica que en este momento se conoce toda la ciencia. No olviden rezar por él.
Comencemos por comprender la Fe y la Ciencia.
¿Qué es la Fe?
La Fe es un Don de Dios, una creencia en la absoluta Verdad. Su esencia es ilimitada y solo se comprende en parte. La Fe es “cierta†y busca comprender (aquà es donde entra la ciencia)
¿Qué es la Ciencia?
La ciencia es el uso que hace el hombre del don de la razón. Es su experiencia y pensamiento aplicados a buscar una comprensión más completa de la absoluta Verdad: Dios, la Voluntad de Dios. Este “enfoque razonado†no solo se aplica a nuestros estudios cientÃficos en fÃsica, matemáticas, quÃmica, medicina y astronomÃa, sino también en antropologÃa, historia, sociologÃa, etc.
Según el Catecismo de la Iglesia Católica, “no pueda haber nunca una discrepancia real entre la Fe y la Razón (ciencia).†El corazón humano quiere comprende las cosas en las que ha puesto su fe. Para lograrlo poseemos el don de la razón, y de la aplicación de la razón a la luz de la verdad. Ésa es nuestra definición de ciencia.
Sin embargo, en nuestra cultura actual, parece que existe una enorme discrepancia: la evolución contra el creacionismo, la viabilidad contra la concepción, el orden natural contra la teorÃa del caos, la medicina tradicional contra la medicina holÃstica, etc.
En realidad éste no es un problema nuevo para la humanidad. Tomemos a los griegos, por ejemplo: amaban las matemáticas, para ellos los números enteros, los números racionales lo eran todo. Todo su sistema se basaba en los números racionales, pero entonces llegó Pitágoras con su ecuación para encontrar la hipotenusa de un triángulo rectángulo (recuerden: la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa), y la medida de la hipotenusa es la raÃz cuadrada de las sumas. El único problema era que si los catetos medÃan, por ejemplo, 1, entonces la hipotenusa es la raÃz cuadrada de 2, ¡que es un número irracional!
Pitágoras pasó años en prisión a causa de su ecuación. ArquÃmedes apareció 250 años después y usó esta misma ecuación para expandirla y encontrar el área de un cÃrculo, p x r al cuadrado, con la cual construyó la primera catapulta y el primer barco aerodinámico, que dieron a Grecia el poderÃo militar sobre el mundo conocido. QuerÃan hacerlo Dios, pero ArquÃmedes preguntó “¿Por qué? ¡Si ustedes encarcelaron al hombre que desarrolló este principio hace 250 años!â€
Tomás de Aquino fue un gran santo, pero también él se confundió un tanto con la ciencia. Él creÃa que los niños varones eran especÃficamente humanos a los 60 dÃas de su concepción, y las niñas eran especÃficamente humanas a los 90 dÃas de su concepción. Las cosas son un poco diferentes ahora.
Adelantémonos hasta los primeros años de la década de 1930 y hasta los años cincuenta y la ecuación de Einstein: E=mc2. Esta ecuación nos ayudó a lanzar nuestro programa espacial, nos permitió comprender mejor el espacio, la materia y la luz. Pero como rompió con la “Nueva FÃsica†de la teorÃa del caos, su ecuación recibió el nombre de “una teorÃa de la relatividadâ€. Einstein creÃa que éste era un universo ordenado, creado, y que su ecuación no tenÃa nada de relativo. Nuestro universo es creado. Nuestras leyes se adhieren a un orden natural. Solo que no logramos comprender totalmente ese orden.
Una buena ciencia en un mal momento será ignorada, despreciada, inutilizada e incluso temida. La mala ciencia, en cualquier momento, pone en duda el concepto de la verdad absoluta, y por lo general no pasa la prueba del tiempo. La buena ciencia, basada en la verdad, logra intensificar la comprensión de la Verdad, otorgando al don de la fe una plenitud que nos acerca todavÃa más a Dios.
La fe y la ciencia se apoyan mutuamente cuando ambas se abren plenamente a la verdad.
El hecho mismo de que estemos reunidos esta semana en el Primer Congreso Mariano dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe es un ejemplo fenomenal del don de la fe fusionado con la aplicación exacta de la razón del hombre.
Mi fe me infunde la creencia de que Nuestro Señor, por medio de Su Madre, pidió a su pequeño hijo, Juan Diego, que la ayudara a traer el mensaje de Cristo a los pueblos de América por medio de la Iglesia. La ciencia de la tilma, el estudio de todos los aspectos de su gran don, su presencia actual, el hecho de que hubiera sobrevivido a la explosión de la década de los veinte, el códice de su vestido, la posición de las estrellas de su manto, los objetos de su mirada solo sirven para intensificar y clarificar el mensaje de Nuestra Señora. Estos hechos solo intensifican mi propia fe y mi deseo de comprender y compartir su mensaje.
Cuando aplicamos la fe y la ciencia – en un ámbito donde ambas estén plenamente abiertas a la expresión de la Verdad – no hay discrepancias, solo la continua revelación de nuestra pequeñez en esta gran creación, y de que por medio de nuestro don de la fe y nuestro don de la razón, recibimos una fracción del Infinito Misterio de Dios.
Solo podemos llegar al Padre a través del Hijo, y por medio de MarÃa podemos encontrarnos con Cristo.
Les hago un llamado, como hombres y mujeres de Cristo, para que profundicen en su fe por medio de la oración e intensifiquen su comprensión por medio del estudio basado en la fe, para que, guiados por Nuestra Señora de Guadalupe, podamos contribuir a que llegue el Reino de Dios.







